La violencia de afuera es un reflejo de “la de adentro” (relatos ComAlma del Hospital Plató)

La violencia que a diario vemos afuera no es más que un reflejo de la que albergamos en nuestro interior. Forma parte de nosotros (aunque no queramos reconocerlo) y se manifiesta cada vez que envidiamos, manipulamos, juzgamos o matamos, con nuestro pensamiento, a las personas que no nos (ojo: ¡NOS!) encajan. Las echamos, las bloqueamos, las apartamos, las amordazamos con silencio. Creo que no podremos avanzar ni como seres humanos ni como sociedad hasta que no seamos lo suficientemente humildes y lo aceptemos, dejando así de señalar afuera a víctimas y a victimarios.

Si la violencia tuviera género (¡y, por suerte, no!) el terreno donde se librarían todas las batallas sería el del cuerpo. En él vertimos exigencias, llantos y mucha presión por no cumplir con los cánones de belleza que nos impone la sociedad. Todo el revuelo del Día de la Mujer debería despertarnos de este letargo, y empujarnos a tomar consciencia de que no habrá paz hasta que no dejemos que ésta florezca en el corazón.

Montse Monge, del Hospital Plató de Barcelona, habla de esa “violencia invisible” del cuerpo, un ejemplo a pequeña escala de la que infundimos y padecemos en nuestro día a día. Ilustra con su relato que el camino hacia la igualdad está lleno de piedras que a veces nosotras mismas depositamos en él.

 

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