Tus dones: a qué edad se expresan y la importancia de desarrollarlos

¿Qué es aquello que más disfrutas haciendo? La vida te ha dotado de un talento especial, y al expresarlo, el tiempo se tiñe de color, dulzura y gozo. Todo se ralentiza, a la par que sientes la rapidez con la que tus pensamientos e ideas transcurren. Fluyes. Quizás tu don sea el de la jardinería. Nadie como tu sabe cuidar las plantas, y consigues florecer un jardín en cualquier rincón. A lo mejor tu regalo de nacimiento fue la poesía. Con las palabras haces música, y logras transportar a las personas con el chasquido de una letra. O algo más cuotidiano: eres especialmente bueno creando armonía a tu alrededor. Tu presencia rezuma libertad y aceptación, y la gente lo percibe.

Ya sea en la sencillez de gestos, en habilidades o en ideas geniales, los dones imprimen tu singularidad, y te convierten en un ser único. Nadie como tu sabe hacer lo que haces. Personas como Gaudí o Marie Curie lograron sublimarlos y al hacerlo revolucionaron la arquitectura y la ciencia, ámbitos en los que trabajaron, respectivamente. Y es que la paleta de facultades que nos regala la vida es muy variada, tan variopinta y sorprendente como las razones que se nos brindan por el hecho de haber nacido.

¿Y cómo descubrirlos? O más bien: ¿Cómo desgranar el grano de la paja, es decir, identificar nuestro don de deseos caprichosos o extravagancias?

Mira atrás y detente cuando los recuerdos te lleven a un lugar en el que quieras permanecer porque experimentas mucha paz, gozo y alegría. Estabas haciendo algo que te hacía sentir así. Sigue viajando en la memoria y, cuando estas emociones se repitan una y otra vez, entonces habrás dado con la respuesta: ¡esos momentos pertenecen al reino de tus dones!

Rescátalos, si es que no lo has hecho ya, y toma consciencia de que naciste con ese regalo, esa forma especial de expresarte en el mundo y de manifestar tu singularidad.

Según los Vedas, las escrituras sagradas de la India, hacia los 25 años ya despierta en nosotros la claridad de nuestros dones. Todos y todas, si la vida ha transcurrido en un camino de introspección, somos conscientes de nuestra singularidad y de cómo se expresa a través de nuestras facultades o habilidades. En torno a los 3 años estas cualidades ya empiezan a hacerse manifiestas en nosotros y si la familia y la escuela están atentas, podemos encaminar los pasos del niño hacia una vida cuya máxima expresión sea el amor a través de su don único.

Desafortunadamente, no todas las personas crecen en entornos que permiten este desenvolvimiento. No obstante, la vida siempre nos alerta cuando nos desviamos del camino y decidimos hacer oídos sordos a nuestra naturaleza. Ese desafío, no siempre consciente, deja mella en nuestra salud y, en los casos más benevolentes, se expresa en forma de enfermedad o incidentes vitales como separaciones, amistades o trabajos que no llegan a buen puerto, etc. Son señales de peligro, de parar e ir hacia dentro, para descubrir por qué la vida nos trajo al mundo y con qué herramientas nos dotó para estar en él.

Algunos ejemplos, aunque de personajes célebres, nos inspiran a buscar incesantemente nuestro don, y a compartirlo para que florezca:

Nelson Mandela. Soportó un encarcelamiento de cerca de 30 años en nombre de la libertad y la igualdad. Su país, Sudáfrica, estaba sumido en el Apartheit, que durante años discriminó a las personas por el hecho de que su piel era negra. La situación provocó una enorme fractura social, episodios de asesinatos, vejaciones y humillaciones a aquellos y aquellas que eran el blanco del sistema y a los que, como él, pretendían derrocarlo.

Gandhi. Persiguió el mismo sueño que Mandela: la libertad de todas las personas. De hecho, empezó su andadura como líder en Suráfrica, donde recaló por cuestiones laborales que se terminaron convirtiendo en un compromiso personal por la lucha contra el racismo y la desigualdad. En Suráfrica desató un movimiento social a favor de la libertad, que le preparó para, años más tarde, despertar a su país, la India, de la dependencia de Inglaterra.

Madre Teresa de Calcuta. A los 12 años ya sintió su vocación de misionera pero no fue hasta mucho más tarde, cuando ese deseo cristalizó y la llevó a dar el paso de dedicar su vida a los pobres. Fue entonces cuando fundó Misioneras de la Caridad, con presencia en todo el mundo.

Mandela, Gandhi y la Madre Teresa, al igual que Marie Curie y Gaurdí, consiguieron elevar a la máxima expresión los dones únicos con los que nacieron. Su regalo fue una bendición para miles de personas y generaciones. Son vidas ejemplares, no por la excelencia que alcanzaron como seres humanos (llenos, como todos, de imperfección) sino por haber trascendido sus facultades y haber comprendido que éstas eran una herramienta de Dios para hacer de este mundo un lugar mejor.

Y es que el destino del no siempre plácido viaje para descubrir tu don es, precisamente, el hecho de desapegarte del resultado que produzca en ti y ponerlo al servicio de las personas, para que a través de él puedan mejorar sus vidas. Es una cadena invisible que se extiende en todo el mundo, a través de la cual alguien recibe un regalo, luego se desprende de él para entregarlo a otra persona, y ésta, a su vez, acaba haciendo lo mismo que la anterior. Y así todo empieza una y otra vez.

 

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