Los 40: ¿Pasaste la prueba?

El 40 es un número puente: nos lleva de un sitio a otro. A veces recorremos esa travesía a trompicones, renqueando sobre unos zapatos que nos quedan ya pequeños; otras avanzamos con soltura y, en ocasiones, nos plantamos y decidimos no caminar más.

La vida se llena de 40 para recordarnos que para recibir algo nuevo debemos de soltar lo viejo. Las cuarentenas son períodos en los que “dejamos de”, para “empezar a”. Una renovación. Como tras dar a luz, por ejemplo. Nuestro cuerpo se vacía para luego poder volver a llenarse, para dar vida otra vez. Y es esa transformación, el vaivén de muerte y renacimiento, el que precisamente nos ha permitido sobrevivir a lo largo de miles de años.

Este número también simboliza una purificación. Alguien que contrae una enfermedad grave debe de ser aislado durante 40 días del resto para evitar así un contagio. La sanación solo se produce tras haberle perdido el miedo a la soledad, y habernos atrevido a mirar a nuestras heridas en toda su profundidad. Sólo desde ese lugar, podremos resurgir como la persona que anhelamos ser. Dejar de ser, para ser, y mucho mejores.

La historia escribe mucho sobre ese número. En torno a él nos sentamos a escuchar relatos sobre pueblos que fueron aprisionados durante 40 años en Egipto y que, por el mismo período de tiempo, vagaron por el desierto en busca de su libertad: un lugar fértil donde construir su hogar. Gentes que fueron obligadas a sobrevivir con muy poco, y que luego lo obtuvieron todo; que aprendieron que la única certeza es el presente; que finalmente se rindieron, confiaron en la vida, y dejaron de pretender controlar.

También recordamos historias de un diluvio, que a lo largo de 40 días sumergió el mundo en las profundidades del mar. Una sola familia en todo el planeta logró salvarse construyendo un barco que les protegió de aquel cataclismo y en el que acogieron una pareja de cada una de las especies de animales. Gracias a ello, la Tierra puedo renacer y dar continuidad a la vida en todas sus expresiones.

La vida se va contando de 40 en 40, y en ella bailamos su caprichosa música de  muerte y vida, de noches y días, de tierras baldías o fértiles. Un número con el que hacer borrón y cuenta nueva, si sabemos aprovechar la oportunidad y superamos las pruebas que se nos presentan. Si no, el cronómetro vuelve al cero, y eres confinada a un nuevo destierro que te recuerda que el camino hacia la libertad solo puede ser recorrido tras haber peregrinado por el desierto de tus miedos.

Los 40 te prueban: ¿Estás dispuesta a ser quien eres? ¿Quieres seguir contentando o ser auténticamente tú?

Hace dos meses los hice. Intuyo que he pasado la prueba, y no porque haya cumplido con todo lo que socialmente se esperaba de mí, sino porque siento que ya no me espanta mirarme y ser quien soy. Cada día temo menos dejar atrás, no quiero contentar, más bien ser íntegra y honesta conmigo misma. Y confiar, confiar. Una libertad que nace de dentro y que florece en cada lugar donde decidió ser yo misma.

Raquel Edo y Cristina Aluja (Ilustración y Texto).

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