¿Eres “grande”?

Me gusta ir a las bibliotecas a trabajar. Las dos más cercanas a mi casa, en los barrios de Horta y Nou Barris de Barcelona, las albergan dos edificios muy bellos, con una atmósfera que destila encanto. Y como siempre mi alma ha estado ávida de belleza, cualquiera de sus expresiones me embelesa. Por ser espacios diáfanos, por los holgados ventanales que derraman luz o por el silencio (crucial). Me siento atraída, como si fueran una extensión de mi hogar.

En ellas me he ido perfeccionando en el arte de la observación. La intimidad del anonimato que confieren esos espacios nos hace sentir protegidos y aligerados, y hay algo de nuestra pesadumbre que ahí se libera y que una puede percibir. Esa quietud es un bálsamo para hacer brotar la inspiración y engendrar sigilosamente ideas, sueños hechos emprendimiento, novelas, poesía, rutas de futuros viajes… Las bibliotecas son laboratorios en los que ensayamos proyectos de nuestra vida. Como el de un hombre, cuya historia me inspira a escribir este artículo. Duerme en la calle y de día vive en una de esas segundas plantas, entre paredes de palabras.

Le admiro tiernamente (y él ni tan solo me conoce) por la implacabilidad de su firmeza. Siempre llega el primero y no levanta la cabeza hasta que la música se entromete en la paz para anunciar el cierre. 4 horas pegado a un libro, que con el tiempo he logrado descubrir que es un manual de inglés. Lleva meses estudiándolo.

Su tenacidad golpea mucho más fuerte que el desamparo. Y es que no es el objetivo perseguido ni el haberlo logrado sino el atreverse a avanzar y no mirar atrás. Su ejemplo me inspira enormemente; a través de él comprendo que podemos ser una nueva persona cada día si olvidamos la noche y despertamos sin dejar de imaginar.

Y soñar es como tener un doble: uno es el que ahora miras, y el otro ni siquiera llegas a imaginártelo…

Él es una historia extraída de mi cotidianidad, pero no menos valiosa que muchas otras que se han convertido en iconos de nuestros tiempos. Creo firmemente que más importante que el hito alcanzado es el camino que recorremos y, sobre todo, el punto del que partimos. Ese hombre de la biblioteca persigue mucho con muy poco, y quiere más sin tener prácticamente nada. Esas diferencias son las que precisamente le hacen grande, grandioso. Y él quizás no lo sepa.

Otros dos ejemplos de esos “grandes” están muy presentes en mi vida, y especialmente estos días: Gandhi y Mandela. Lo que me conmueve de ellos no es la transformación que operaron en el corazón de dos sociedades fracturadas, sino la entereza con la que lograron vivir, la integridad de sus valores. Esa palabra es el hilo conductor de las 3 historias, y en cada una de ellas depositó la semilla para el éxito, para hacer que sueños que parecían irrealizables se convirtieran en una realidad.

Los 3 viven con la rectitud de los guerreros y guerreras que combaten la inercia con creatividad y la honradez de saber que sólo siendo fieles a sus principios podrán hacer de sus vidas una experiencia que haya valido la pena.

El hombre de la biblioteca es el protagonista de una gesta mucho más modesta pero no menos significativa, al menos para su desarrollo personal. Gandhi y Mandela sublimaron el significado de integridad, poniéndola en práctica en su máxima expresión: el amor incondicional.

Y ese fue su punto de partida, la cima desde la que ondearon la bandera de la paz y desde la que abrieron caminos hacia una utopía que cambió el rumbo de la historia de la humanidad. Ambos nos demostraron que solo amando sin esperar nada del otro es posible la auténtica transformación. Y aún más: lograron la victoria porqué jamás temieron perder, y que todo les fuese arrebatado.

De esa libertad germinó el sueño de Mandela de unir el país a través del rugby y combatir así el Aperheit, y el compromiso de Gandhi de conducir la India hacia la independencia.

Porque de eso se trata “ser grande”. Más allá de lo que nos propongamos conseguir o logremos, lo que nos engrandece o empequeñece es el aferrarnos a nuestros sueños, y despertar cada día con la convicción de que siendo fieles a ellos seremos auténticos. ¿Te atreves a ser grande?

Raquel Edo y Cristina Aluja (Ilustración y Texto).

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