La alma matters (El alma sí importa)

¿Cómo explicar el alma a tus hijos? ¡Qué diferente habría sido si ya de pequeños nos hubieran hablado de ella con naturalidad y con un lenguaje comprensible para nosotros!

La publicidad, el cine, las redes sociales, la moda, etc. insisten en convencernos de que somos únicamente un cuerpo y de que éste adquiere valor por su apariencia. Y, así, nos embarcamos en una travesía sin rumbo en la que el viento nos mece y damos vueltas sin ir a ningún lugar. Navegamos y naufragamos, hasta recalar algún día en la verdad de que el físico, el armazón de nuestro barco, no es más que un vehículo a través del cual el alma se expresa. Y si no desistimos y nos atrevemos a descender a las profundidades de ese mar, descubrimos que nuestra alma es como una de sus olas. Y de ahí nacemos, y ahí vamos a morir.

Explicar estos conceptos constituye un reto. Su esencia solo puede ser experimentada desde el silencio de la oración o la mediación (en breve hablaré aquí de cómo introducir a los niños a estas técnicas). Podemos escribir sobre lo delicioso que es comerse un mango, ¡pero qué mejor que probarlo para descubrir realmente su exquisito sabor!

Tomaremos consciencia del vasto océano de almas en el que estamos sumergidos cuando consigamos acallar las voces del exterior, y echemos el ancla en la tierra firme de nuestra sabiduría interior. Ella es la brújula que nos guía, como si saliéramos de noche a la proa de un barco y sintiéramos qué camino nos marcan las estrellas.

Mira hacia el cielo, con los pies bien firmes en la tierra… 

Pero no todo es había-una-vez… ¡Ojala!!! Hubo-muchas-veces en las que lancé al aire preguntas, y éstas tardaron días, semanas, años en llegar. Muchas permanecen todavía suspendidas en el horizonte…

Cuando tomé consciencia de que el mar es como una gran casa en la que todos los niños corretean, luego me pregunté: “¿Y quién cuida a estos retoños?”. El mar, pues, sería una metáfora para hablar de Dios, de la fuerza de creadora, del Universo, la Energía Cósmica y, en definitiva, del amor incondicional. Ese padre-madre divino se conoce por muchos nombres, aunque pocos, muy pocos, han llegado a acercársele de verdad. Pero eso ya es otro capítulo… Hoy empezamos por compartir con vosotros una pista para conocer las claves del mapa de ruta que conduce a ese gran tesoro.

Aquí os dejamos algunos recursos para hablar del alma a vuestros hijos. Con ellos, podéis ingeniaros cuentos infantiles, metáforas y parábolas… ¡Desplegad las velas de vuestra imaginación!!!

  • Podéis utilizar la metáfora de la ola y el mar de la que previamente se ha hablado. El alma es como cada una de las olas del mar. Nacen y mueren en él porque en definitiva son lo mismo; le pertenecen y, en un ciclo sin fin, renacen y mueren una y otra vez.
  • El alma también es como una semilla. Todas las cosas que forman parte de nuestra Creación tienen un alma. Así, un vegetal, como por ejemplo la zanahoria, también la contiene o más bien diríamos que ésta está constreñida por la parte física. Cuando esa semilla crece y se transforma en una zanahoria, por ejemplo, a pesar de que ya no podemos verla sigue existiendo ya que fue “el molde” que la creó. Y lo mismo pasa con los seres humanos; estoy delante de Pedro y, aunque no puedo ver su semilla-alma, ésta permanece en él ya que sin ella Pedro no podría existir.
  • El caracol de mar: Imaginemos que caminando por la orilla de la playa nos encontramos con un caracol de mar y, al acercárnoslo a la oreja podemos escuchar el murmuro del agua y de sus profundidades. Lo mismo ocurre con el cuerpo. Éste representa al alma, es una de las formas que tiene de expresarse, al igual que el caracol de mar “expresa” el mar, conteniendo un “pedacito” suyo.
  • Otro buen ejemplo sería el de un coche. Lo conducimos pero, una vez se estropea y el mecánico nos dice que ya no puede ser arreglarlo, debemos retirarlo de la circulación y llevarlo a un depósito de coches. El coche es el cuerpo físico que al morir debemos aparcar, hasta que nos es asignado otro vehículo, y así sucesivamente.
  • O el ejemplo de la radio. A pesar de que no podemos verlas ni tocarlas, las ondas electromagnéticas son la base para que ésta pueda funcionar. Lo mismo ocurre con el alma; no podemos percibirla con los ojos pero sin ella no sería posible nuestra existencia.

Raquel Edo y Cristina Aluja (Ilustración y Texto).

 

 

 

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