Aulas felices

¿Eres feliz? Ésta es la palabra que apunta nuestra brújula hacia los sueños más impenetrables. Su aguja se mueve vacilante y ello nos empuja a buscar incesantemente el norte que nos marca el camino. ¿Y si nos preparáramos para andar esta travesía desde pequeños? La escuela es una de las mejores oportunidades para este aprendizaje, cuyo pilar se asienta, en gran parte, en la educación de las emociones.

Desde que nacemos ya experimentamos el miedo, la alegría, el asco, la sorpresa y la tristeza. Un bebé puede expresarse a través de 16 llantos diferentes, y estudios constatan que las madres pueden distinguir el de su hijo de entre el de decenas de recién nacidos.

El mundo nos empieza a conmover desde esta base emocional, que a los 2 años y medio se torna más compleja experimentando la vergüenza, la culpa, el orgullo y el bochorno social.

En la travesía de la felicidad, sólo siendo intrépidos podemos salir victoriosos. Es esencial conocer nuestras emociones y cómo éstas nos mueven y dibujan el mundo. La escuela y los profesionales del aula tenemos un papel clave en esta aventura, y por ello no podemos educar de espaldas a éstas. Nos construyen como personas, perfilando nuestra identidad, y como ciudadanos y ciudadanas, haciéndonos conscientes de aquello que podemos compartir y aportar a la sociedad.

Ser emocionalmente sanos significa mucho más que saber orientarnos con la brújula interior. Implica además comprender que lo que nos conmueve también agita los corazones de las otras personas. La empatía y la compasión son valores que  debemos de empezar a forjar desde la infancia, y es desde esta base que somos realmente capaces de brillar como personas y desplegar magnetismo.

Escuelas como las Waldorf y las Montesori ya enfatizan estos aspectos, al mismo tiempo que el aprendizaje de las emociones se está erigiendo, de forma general, como una apuesta firme en el sistema educativo.

Estudios recientes liderados por el ámbito académico han aportado informaciones inspiradoras: niños y niñas que perpetraban conductas de bullying a sus compañeros del aula dejaron de hacerlo al recibir una educación emocional. Otras investigaciones también han evidenciado que los niños y las niñas de padres y madres agresivos tienen un 40% más de probabilidades de serlo. Este porcentaje es del 60% en el caso de los bebés  que nacieron en entornos con violencia de género.

La violencia es educable y constituye una de las asignaturas pendientes de la escuela, que al igual que la familia y la sociedad son las responsables de forjarnos como personas.

Conectar con el cuerpo puede abrirnos la puerta a la casa de las emociones y, como docentes, debemos transmitir a los niños este aprendizaje, del que ellos han de erigirse como protagonistas. En este sentido, investigaciones de los últimos años también han arrojado luz a esta cuestión, señalando aquellas partes de nosotros en las que “residen” las diferentes emociones y cómo la temperatura corporal cambia dependiendo de cómo las experimentamos. Frío en el cuerpo y vacío total en el pecho si sentimos depresión; calor en la cabeza y el pecho, y fuerza y vigor, al experimentar alegría, y ojos y corazón calientes y brazos y piernas fríos con la tristeza.

Todo ello nos revela que ser feliz es un aprendizaje, un camino que empezamos a andar desde la infancia. El sendero que recorramos va a depender de la mochila en la que viajan las emociones y cómo ellas nos nutren.

Aquí te dejo algunos recursos para acompañar a tus hijos e hijas en la gran aventura de descubrir las emociones:

  • Webs:
    • Tamara Chubarovsky.  Aúna la Pedagogía, la Logopedia, las artes y el desarrollo personal desde el enfoque de la educación Waldorf.
    • El aula de Elena, con diferentes recursos, compilados por una maestra, para que los niños y las niñas conozcan sus emociones.
  • Cuentos:
    • Adivina cuánto te quiero, para descubrir el amor.
    • Y dos otros más cuentos para introducir a los más pequeños al mundo de las emociones.
      • El monstruo de colores
      • Emocionario
  • Películas

Raquel Edo y Cristina Aluja (Ilustración y Texto).

 

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