¿Cuál es tu proyecto de vida?

Los maestros, los profesores, los jefes, la familia, etc. Con frecuencia y sin ser conscientes de ello, cedemos sin recelo nuestro poder y dejamos que otras personas tomen las riendas de nuestras vidas. De esta forma, nuestra alma va ensombreciéndose, y aprisionamos la voz que la expresa hasta que ésta reclama a trompicones ser escuchada.

A veces, nos rendimos a esta verdad después de que acontezca la enfermedad, tras una travesía por el desierto del abandono o la traición, o al ser sacudidos con dureza. Todo ello nos despoja de la luz, desnaturalizándola sin piedad y aprisionándola en una existencia que dista mucho de la que nos hablan nuestros sueños. Y así emerge con fuerza la pregunta de si estoy siendo honesta conmigo misma, de si me siento conectada y de si camino en dirección a mi proyecto de vida.

Viktor Frankl, psiquiatra judío austríaco que sobrevivió a un campo de concentración, acuñó el término “proyecto de vida” para explicar la fuerza que yace en nuestro interior y que nos empuja a  vivir desde la plenitud

Es gracias a esta energía que logró trascender aquella experiencia tan atroz e instalarse en el amor. Y es precisamente ahí, en la solidez de la compasión y el perdón, donde Frankl construyó su fortaleza. En su libro El Hombre en busca de sentido, que escribió para dar testimonio de su experiencia, reitera que el amor es la única “salvación del hombre”. Lo argumenta de esta forma: “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo esta última libertad para decidir su propio camino. Y es precisamente esta libertad que no nos puede ser arrebatada la que hace que la vida tenga sentido y propósito”.

Y es precisamente este concepto el que debería inspirar la nueva Educación. El sistema, que aboga por las aulas inclusivas, donde la diversidad de personas es la auténtica riqueza, afronta el reto de ir un paso más allá y de acompañar a los niños y a las niñas en un aprendizaje que no solamente abrace los ámbitos físico e intelectual, sino también la dimensión espiritual.

La espiritualidad tiene su máxima expresión cuando somos capaces de ahondar en nuestro interior, de aceptarnos y de amar así a las otras personas y a la Creación. Más allá del galimatías que acompaña a este término, ser espiritual es en esencia forjarse como una persona válida para los demás y para el mundo, con una mente clara y un corazón abierto.

Consciente de una visión holística del ser humano, Rudolf Steiner, filósofo y también austríaco, ideó la Antroposofía, una educación a través de la cual se incide en el desarrollo del físico, del alma y del espíritu.

Según Steiner, en la primera etapa de nuestra vida, del nacimiento a los 21 años, nuestra energía debe de estar enfocada al desarrollo del cuerpo, para que nuestra alma pueda expresarse con fluidez a través de él. De ahí a los 42 años se contempla el septenio del alma, el segundo, cuyo aprendizaje es el de aceptar la realidad que vivimos y aportar al mundo nuestros dones

Y, por último, de los 42  a los 63, con el septenio del espíritu, desarrollamos esta dimensión poniendo bajo control a nuestro ego y dejando que el alma se exprese. Es una etapa en la que recapitulamos, aceptamos y nos rendimos al amor y a la humildad.

Independientemente del sistema que elijamos, hoy en día la educación nos plantea el reto de acompañar a los niños y a las niñas en la aventura de la vida, un viaje cuyo mapa  guarda el camino hacia el tesoro más valioso: la plenitud.

1 Comment

  • Excelente artículo Cristina, pero……..¿sólo el acompañar en el camino sería suficiente?, no lo creo, pienso que hay que acompañar y guiar, dándoles a entender que aunque nosotros les estamos guiando y acompañando, son ellos los que lo eligen, siempre sin imposiciones ni obligaciones. Como personar adultas, tenemos la obligación de ello ya que nuestra experiencia de vida és mucho mayor, vemos aquello que ellos no ven, y és nuestro deber decirlo y encaminarles a ello. No se trata tampoco de que los padres proyecten en sus hijos aquellas frustraciones suyas, sino como he dicho y me reitero, el guiarles en este camino. Si, estoy de acuerdo, con amor y espiritualidad y sin cortarles la creatividad.

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