Escuelas que ayudan a pensar (de forma crítica)

La escuela que ayuda a los niños y a las niñas a pensar y a sentirse es el mejor regalo para su futuro. La información aflora en las redes y es accesible a todo el mundo, y, sin embargo, ahora, más que nunca, nos sentimos confundidos y diminutos ante el alud de datos que nos sumerge en el océano de la información. Cuando navegamos por Internet, ¿somos capaces de discernir qué informaciones son rigurosas y cuáles no? ¿Nos planteamos aquello que leemos y lo que aseveran las fuentes consideradas fidedignas? ¿Tanta información y recursos nos llevan a tener una vida más plena?

La autenticidad no se revela con las palabras, sino a través del mensaje que éstas reverberan en el corazón. Y es que la mirada, la expresión que dibuja la cara, los gestos y las posturas son el canal más importante a través del cual captamos la información. Es una teoría avalada por el psicólogo Albert Mehrabian, que asegura que el 55% de los mensajes que comunicamos nos llegan con el lenguaje corporal. De aquí la importancia de ayudar a los niños y a las niñas a conectar con su cuerpo, las emociones y la intuición.

La intuición, al contrario que el razonamiento lógico, es una inteligencia diferente que, más allá de erigirse como nuestra voz interior, nos avanza a los acontecimientos y nos ayuda a trazar el mapa de nuestra vida.

La meditación es una de las herramientas por excelencia para desarrollarla. Con esta práctica viajamos al interior de nosotros mismos para extraer la sabiduría que nos muestra la autenticidad de la vida.

El pensamiento socrático

En la escuela, podemos practicar una meditación activa y en acción aplicando el pensamiento socrático. Esta técnica, que ideó el filósofo griego Sócrates, consiste en cuestionar, a través de repetidas preguntas, las ideas que uno o una interlocutora plantea con el objetivo de tomar conciencia de que el pensamiento, expresado en palabras, es subjetivo y que, por lo tanto puede ser desmantelado y analizado desde diferentes miradas. Es como un alumbramiento de la verdad, que Sócrates nos recordaba que reside en el alma y que es la materia de la que está hecha nuestra naturaleza. Por ello, este filosofó bautizó el proceso como mayéutica, del griego maieutiké, técnica de asistir en los partos.

La función de transmisión de conocimientos que tiempo atrás tenía encomendada la escuela ha quedado desbancada por el papel que esta institución está adquiriendo en relación a la formación de personas capaces de discernir, aprender y de ser responsables de ellas mismas. De un ser pasivo, que recibe y espera sentado en el aula para llenarse de datos, a una persona que aporta a la comunidad, que participa y la transforma a través de sus dones y visiones.

Ayudar a pensar a los y a las alumnas, a través del método socrático u otras técnicas, promueve el pensamiento crítico en relación a la información que envuelve nuestro entorno, y nos conduce al autoconocimiento. Y es que adentrándonos a nuestro ser es cómo viajamos a la sabiduría imperecedera, que empieza por la inexorable asunción de que “sólo sabemos que no sabemos nada”.

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